Rosas de invierno

Portada del libro Rosas de invierno, de Santiago Alonso.

© Santiago Alonso, 2026. Todos los derechos reservados.
Obra inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual de Chile, N.º 2026-P-17584
Queda prohibida su reproducción, distribución o utilización total o parcial sin autorización expresa del titular, salvo las excepciones previstas por la ley.

Prólogo

Hay árboles que crecen hacia el cielo y árboles que crecen hacia la memoria.

Este libro nació de uno de estos últimos.

Durante muchos años creí que los recuerdos eran pájaros. Los imaginaba atravesando las estaciones, alejándose cada vez más de la tierra donde habían nacido. Pensaba que bastaba el paso del tiempo para borrarlos. Sin embargo, los años me enseñaron otra cosa. Los recuerdos no vuelan. Echan raíces. Se hunden lentamente en nosotros hasta confundirse con nuestra propia sombra.

Por eso estas páginas no fueron escritas. Fueron desenterradas.

Cada amor dejó bajo la tierra una semilla distinta. Algunas crecieron como jardines luminosos. Otras florecieron apenas una tarde. Algunas se transformaron en tormentas capaces de cambiar el curso de una vida. Y hubo otras que permanecieron ocultas durante décadas, esperando el momento preciso para regresar convertidas en palabras.

Las mujeres que habitan este libro no pertenecen únicamente al pasado. Siguen caminando por corredores invisibles. Todavía atraviesan plazas que ya no existen, estaciones donde los trenes dejaron de detenerse, calles que el tiempo demolió piedra por piedra. La memoria les construye ciudades nuevas cada vez que regresan.

He visto una muchacha partir llevando un horizonte entero en su maleta. He visto una estrella descender sobre una plaza lluviosa. He visto una casa suspendida entre los cerros de Valparaíso como una lámpara encendida sobre el mar. He visto jardines donde la juventud parecía eterna y caminos donde el amor aprendió a despedirse.

Todo eso vive aquí. Los años han terminado por convertirlo en geografía. Porque el corazón posee sus propios continentes. Tiene cordilleras donde se conservan las promesas, océanos donde duermen las ausencias y bosques donde ciertos nombres continúan creciendo mucho después de haber sido pronunciados por última vez.

Este libro es el mapa de esas regiones.

Sus páginas reúnen las estaciones de una vida. La primavera de los primeros asombros. Los veranos de la pasión. Los otoños donde comienzan a caer las certezas. Y los inviernos que enseñan el verdadero valor de aquello que permanece.

Si alguna unidad existe entre estas historias, no está en las mujeres ni en los acontecimientos. Está en el tiempo.

El tiempo, ese jardinero invisible que poda los días, derriba los muros, cambia los rostros y, sin embargo, deja intacta una pequeña raíz escondida bajo la tierra.

Quizás por eso estas páginas se parecen a un árbol. Sus raíces duermen en la juventud y sus ramas continúan buscando el cielo a través de las tormentas.

Un árbol que ha visto pasar generaciones enteras de pájaros y de nubes. Y que todavía permanece de pie al borde del camino.

Sus ramas parecen derrotadas. Su corteza guarda cicatrices. Pero entre la madera envejecida aún asoman algunas hojas verdes.

Ellas son la verdadera razón de este libro. Porque mientras exista una sola hoja capaz de desafiar al invierno, la memoria seguirá floreciendo.

Y mientras la memoria florezca, ningún amor desaparecerá del todo.

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