
© Santiago Alonso, 2026. Todos los derechos reservados.
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Prólogo
No todos los libros están destinados a ver la luz.
Algunos fueron escritos para el silencio, como si sus palabras hubiesen nacido con la condena de no ser leídas jamás. Este es uno de ellos.
Durante años creí que La Casa de los Vientos había dicho todo lo que debía decir. Que la historia de Rafael y Teresa había cerrado su ciclo. Pero estaba equivocado. En los márgenes de aquel libro —en los pliegues de su sombra— algo seguía latiendo. Una voz que no se resignaba a morir, un secreto que exigía ser escuchado.
Un día, casi por accidente, un joven llamado Matías se cruzó con esa voz. No buscaba nada; fue el azar quien lo empujó hacia una carpeta olvidada, un cuaderno manchado por el tiempo, unas hojas que olían a mar y a ceniza. Lo que encontró allí no era una simple colección de versos: era una confesión. La más peligrosa de todas.
Desde entonces supe que no había forma de volver atrás.
Cada poema abría un pasadizo, cada palabra revelaba una herida. Y comprendí —como quien se mira en un espejo ajeno— que lo que estaba en juego no era la literatura, sino la verdad.
Versos para Dulcinea no es una continuación de La Casa de los Vientos; es su espejo roto. Las piezas que faltaban están aquí, pero al juntarlas el reflejo ya no es el mismo. Lo que antes fue amor se convierte en culpa; lo que fue memoria, en testamento.
No escribí este libro para satisfacer una curiosidad.
Lo escribí porque no podía hacer otra cosa. Porque hay historias que, si no se cuentan, terminan pudriéndose en quien las guarda. Y hay versos que, aun en su clandestinidad, piden ser leídos, aunque duelan, aunque manchen, aunque cambien para siempre la forma en que miramos a quien los escribió.
Lector, no abras estas páginas con indiferencia.
Aquí no hay ficciones seguras ni héroes de bronce.
Lo que encontrarás son fragmentos de una vida escondida, la sombra de un poeta que amó demasiado y pagó el precio del silencio.
Si decides continuar, hazlo sabiendo que no todos los secretos quieren ser descubiertos.